Resources

Here is a selection of free digital resources to inspire and encourage believers. Some are in English and others in Spanish.

English Resources

“The Ministry and Teaching of Jesus” by Philip Richardson

Dr. Philip Richardson, One Mission Society Missionary with TLEAD, shares a 4-part video series on “The Ministry and Teaching of Jesus.

  

“1 Peter” by Philip Richardson

Dr. Philip Richardson, One Mission Society Missionary with TLEAD, shares a 5-part video series on “1 Peter.

“Philippians” by Philip Richardson

Dr. Philip Richardson, One Mission Society Missionary with TLEAD, shares a 4-part teaching series on Paul’s letter to the Philippians.

“The Spirit-Transformed Life” with Philip Richardson

Here is an episode of the Salty Saints podcast titled, “The Spirit Transformed Life” with special guest Philip Richardson.

Recursos en español

Dr Lindsey comenta sobre la Biblia: Carta a los Hebreos

Dr. Leroy Lindsey, Misionero de One Mission Society con TLEAD. Meditaciones sobre la teología de la Carta a los Hebreos – su mensaje original y su aplicación a la vida actual.

“Remedio Radical” de Leroy Lindsey

Dr. Leroy Lindsey, Misionero de One Mission Society con TLEAD. Mensajes cortos sobre el remedio por el pecado (la salud del alma) en la salvación que Cristo ha provisto para todo aquel que lo reciba.

Introduction/Introducción

It is a great pleasure to present Pastors Franklin and Hilde Peroza, of the Iglesia Red Cristiana (Venezuela), professors at the Wesleyan Seminary of Venezuela (SEMWESVEN). They have very graciously offered to the Spanish-speaking church these series of simple studies of three very important topics: intimacy with God; holiness; and leadership. These studies, all of which were field tested with disciples in Venezuela, can be used in small groups or by individuals. I also want to thank Dr. Tom Stiles (OMS-Ecuador) for his help in editing the studies.

Es un gran placer presentar a los pastores Franklin Perosa e Hilde Suárez de Peroza, de la Iglesia Red Cristiana (Venezuela), profesores del Seminario Wesleyano de Venezuela (SEMWESVEN). Ellos muy gentilmente han ofrecido a la iglesia hispanohablante estas series de estudios sencillos sobre tres temas de gran importancia: la intimidad con Dios; la santidad; y el liderazgo. Estos estudios, todos ya probados con discípulos venezolanos, se pueden usar en grupos pequeños o para el estudio individual. También quisiera agradecer al Dr. Tomás Stiles (OMS-Ecuador) por su ayuda en editar los estudios.

Dr. Rachel Coleman

El liderazgo

 Un estudio bíblico para uso individual o en grupos pequeños

 Escrito y presentado para la gloria de Dios y para el bien de la iglesia latinoamericana por los profesores Franklin Peroza e Hilde Suárez de Peroza,               Seminario Wesleyano de Venezuela 

Introducción a la serie, El liderazgo

Uno de los temas más solicitados en cuanto a literatura cristiana es el que tiene que ver con liderazgo. Pensamos que la razón es porque muchos creyentes reciben un llamado de parte de Dios para el ministerio y la mayoría siente que no está lo suficientemente preparados para cumplir esa función. En esta serie hablaremos de un “liderazgo espiritual”, basado en principios establecidos en la palabra de Dios que nos ayudaran a identificar las expectativas de Dios en relación al liderazgo cristiano.

Objetivos 

  • Identificar diferencias entre un liderazgo espiritual y otros tipos de liderazgos.
  • Conocer que espera Dios de un líder Cristiano.
  • Identificar obstáculos a los que se enfrenta un líder.
  • Reflexionar acerca de la tarea del líder en este tiempo.

Acerca de los autores

Franklin e Hilde de Peroza son pastores de la iglesia Red Cristiana en Venezuela. Son profesores en el Seminario Wesleyano de Venezuela en diversas materias. Su pasión es enseñar la Palabra de Dios y equipar a la siguiente generación.

Pastor Lcdo. Franklin Peroza

  • Instructor y escritor de cursos, Seminario Wesleyano de Venezuela (Panorama del AT; Libros históricos; Pentateuco; Teología de la santidad; Autoridad espiritual)
  • Escritor de devocionales, Coordinador de capacitación y discipulado, Red Global Restauración
  • Pastor de la Iglesia Red Cristiana, Venezuela
  • fgperoza16@gmail.com

Pastora Lcda. Hilde Suárez de Peroza

  • Instructor y escritora de cursos, Seminario Wesleyano de Venezuela (Educación cristiana para adultos; Estilos de aprendizaje; Libro de Hechos; Grupos celulares; Panorama del NT)
  • Escritora de devocionales, Coordinadora de capacitación y discipulado, Red Global Restauración
  • Pastora de la Iglesia Red Cristiana, Venezuela
  • hilde.suarez@gmail.com

El liderazgo: Lección 1

Comunión, acercamiento, buscar el Rostro del Señor—son algunas palabras y expresiones que más se aproximan al significado de intimidad. Ciertamente todas éstas forman parte del concepto de intimidad con Dios; pero la expresión “buscar el Rostro del Señor “, me hace pensar en una madre en gestación en sus últimos meses, que quiere ver el rostro ya formado de su hijo y acude a la ecografía para poner su vista dentro de sí misma y así ver el rostro de su esperado hijo. Así puede observar, entre otras cosas, qué tanto de ella hay en él y cuánto de él hay en ella. La palabra intimidad en su etimología del latín, intimus, significa: Dentro de algo o alguien, así que es la palabra correcta para describir el fin de la búsqueda de Dios, ya que viene a ser el nivel que Dios quiere que alcancemos: Nosotros en él y él en nosotros.

Por eso la oración que Jesús hace por sus discípulos y por nosotros en Juan diecisiete describe este deseo de Cristo: “Mas no ruego solamente por éstos, sino también por los que han de creer en mí por la palabra de ellos, para que todos sean uno; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros; para que el mundo crea que tú me enviaste. La gloria que me diste, yo les he dado, para que sean uno, así como nosotros somos uno. Yo en ellos, y tú en mí, para que sean perfectos en unidad, para que el mundo conozca que tú me enviaste, y que los has amado a ellos como también a mí me has amado” (Juan 17:20-23).

Entonces, la intimidad para Jesús es que seamos uno solo con él y en él como lo es Él con el Padre, así nosotros seamos uno solo con ellos, perfectos en unidad. ¡Qué hermoso el alcance de la intimidad desde el deseo de Dios!

A manera de reflexión podemos hacernos las siguientes preguntas: 

  1. ¿Qué me motiva a tener intimidad con Dios?
  2. ¿Estamos buscando a Dios sólo por nuestros motivos (ministerio, anhelos personales, etc.)?
  3. ¿Cómo puedo involucrar el propósito de Dios más en mi búsqueda?
  4. Explique qué es unión con Dios según la oración en Juan 17. ¿Cómo aplica a su vida?

La madre al ver al niño suele decir: se parece a mí o al padre. ¿Será que nuestra intimidad está haciendo que nos parezcamos a Dios? Si no es así, ¿por qué? ¿Qué ajustes tenemos que hacer?

El liderazgo: Lección 2

La intimidad, ¡qué gran bendición nos dio Dios al acercarse a nosotros! Primero estaba en la cima del monte, luego en el tabernáculo y de ahí a nuestro corazón, que es nuestro “yo”. 

“Tal cual como es el hombre en su corazón así es” (Proverbios 23:7).

Ojalá pudiéramos sacar una fotografía del lugar donde habita Dios—pero no nos referimos al cielo, nos referimos a nuestro corazón. ¿Cómo sería esa fotografía? ¿Se parecería a Cristo? La intimidad hace que le parezca a con quien intima, la Intimidad graba el rostro de Cristo en sí, la Intimidad cambia su ADN espiritual.

Esto nos hace pensar en esos primeros encuentros de acercamiento de Dios con Moisés. Veamos en Éxodo:
Y aconteció que descendiendo Moisés del monte Sinaí con las dos tablas del testimonio en su mano, al descender del monte, no sabía Moisés que la piel de su rostro resplandecía, después que hubo hablado con Dios (Éxodo 34:29).

Aquí vemos como el rostro de Moisés cambió producto de un acercamiento a Dios, así mismo nuestro rostro espiritual (ADN) es transformado por la presencia sobrenatural de Dios cuando estamos en su presencia.

Cuando nuestro ADN cambia producto de la intimidad con Dios, nos parecemos a él, hablamos como él y pensamos como él. Y eso lo ve tanto la gente, como Dios mismo. Sólo la intimidad hace que ese parecer sea genuino; eso nos recuerda las palabras de Dios a Samuel: Y Jehová respondió a Samuel: No mires a su parecer, ni a lo grande de su estatura, porque yo lo desecho; porque Jehová no mira lo que mira el hombre; pues el hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero Jehová mira el corazón (1 Samuel 16:7).

Nuestro corazón, el cual no pueden ver los hombres pero Dios sí lo ve, es nuestra carta de presentación ante él, y debería ser ante el mundo. Debemos dar la oportunidad de que el Señor escriba, moldee, trabaje en nuestro corazón.

En Mateo 8:20, Jesús dijo: Las zorras tienen guaridas, y las aves del cielo nidos; mas el Hijo del Hombre no tiene dónde recostar su cabeza.  Qué triste cuando el corazón está lleno de tantas cosas que no hay lugar para Dios. Por medio de la intimidad, el Señor limpia y ordena para luego habitar y recostar su cabeza.

La intimidad debe ser constante porque Dios quiere ser un habitante de nuestro corazón. No somos habitantes de nuestras casas por solo un momento, eso sería visitantes; por eso la Intimidad no es solo un momento.

La intimidad no se trata de qué hacemos con el tiempo que pasamos con Dios, sino qué hace Dios en nosotros en ese tiempo. Con la intimidad aprendemos que no es tanto lo que yo hago, sino lo que hace Dios en mí.

Así que no saque a Dios de su hábitat, recuerda “la luz no tiene comunión con las tinieblas.

Preguntas para reflexionar:

  • ¿Está usted pasando suficiente tiempo con Dios para que él ordene así su hábitat? ¿Cómo puede pasar más tiempo con Él?
  • ¿Qué tiene que desechar de su vida para que Dios tenga más campo donde morar en Ud.?
  • La intimidad no es sólo en el tiempo que dispone para orar. ¿En qué forma puede ser una constante en su vida?
  • ¿Cómo ha hecho su intimidad con Dios para que le parezca más a Él? ¿Cómo se ha cambiado en el transcurso de tiempo al conocer Dios más?

No sabemos cuándo venga el señor, pero como están las cosas pareciera que no falta mucho, por eso te regalamos este último versículo: Y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis (Juan 14:3).

¿Si el Señor viene hoy, se hallará en Ud.?

El liderazgo: Lección 3

El estudio anterior culminó con esta frase: ¿Si el Señor viene hoy, se hallará en Ud.?

Es una interrogante que nos reta a reflexionar sobre la manera como nos acercamos a Dios. Cada persona puede tener una idea diferente de lo que significa la intimidad con Dios y de acuerdo a su pre-entendimiento sobre ese tema, así serán las expectativas que tendrá al acercarse a Él.  Algunos se acercan motivados por una necesidad, otros por religiosidad y obligación. En los tres casos, un pre-entendimiento equivocado puede desviarnos del propósito de la intimidad.

Muchos pueden estar en el templo, sirviendo a Dios, pero aún no le han conocido. ¿Cómo puede ser esto? Veamos un ejemplo en el libro de Samuel: Y Samuel no había conocido aún a Jehová, ni la palabra de Jehová le había sido revelada (1 Samuel 3:7).

Samuel, a pesar de estar en el templo y estar al lado del sacerdote Elí, aún no conocía a Jehová. Y no es sino hasta que Jehová Dios le llama por su nombre, cuando sus ojos son abiertos para ver la visión de Dios. Vemos aquí con el ejemplo de Samuel que el servicio nos da un privilegio y es aprovechar las oportunidades de ser usados por Dios, pero su servicio a Dios no es lo que le define, es necesario que sea legitimado, que Dios le reconozca, que le llame por su nombre. Ciertamente Cristo Jesús nos ha dado un lugar privilegiado, tenemos acceso a su gracia y a su presencia, pero es necesario ir más allá, al nivel donde Dios tiene complacencia de nosotros y nos llama por nuestro nombre; eso lo obtenemos cuando él habita en nosotros. Su visión será nuestra visión. Una de las cosas que viene como resultado de que Dios habite en nosotros es que tenemos una visión clara de lo que Dios quiere para el ministerio que nos ha sido entregado.   

Cuando tenemos a Dios como “visitante” de nuestro corazón, seremos tentados a buscar estrategias basadas en nuestras capacidades o visiones de otros, pero cuando Dios es “habitante” de nuestro corazón, él comparte su visión con nosotros, ya no hay velo. Podemos reposar en él sabiendo que lo que hacemos es exclusivamente producto de la obediencia a Dios y no de nuestro esfuerzo.  Nuestro Señor Jesús lo dijo: “Yo solo hago lo que el Padre me dice” y “Yo no puedo hacer nada por iniciativa mía“. ¿Cómo hacer para tener una convicción de que todo lo que hacemos proviene de Dios? La respuesta es sencilla: cuando las estrategias son recibidas en su presencia; cuando esto sucede, hay claridad. Así la carga se vuelve ligera y si hay humildad en nuestro corazón tenemos que reconocer que como dice la canción: “Todo se lo debo a Él“.  

Preguntas para reflexionar:

  • ¿Qué puede usted hacer para que no haga más énfasis en el servicio a Dios, más bien, para que busque más a su rostro?
  • ¿Qué puede Ud. hacer para que Dios sea habitante en vez de visitante en su vida?
  • ¿Cómo puede dejar que las estrategias para el ministerio fluyan de él hacia sí? Es decir, que sean el producto de estar en la presencia de él.
  • ¿Cómo puede fomentar que usted halle en Dios la visión de él en vez del suyo y del ministerio que representa?

La Biblia nos habla de muchos hombres que Dios los llamó para participar de su presencia, pero percibieron ese llamado como una posición y como resultado la llama se extinguió, se apagó. Eso sucede en un primer momento, pero el resultado visible es que la palabra de Dios escasea de la boca de usted; no logra ver su visión y hay desgaste. Quizás todavía usted no ha conocido a Dios, quizás todavía él sea un visitante en su corazón ¿Cómo podemos conocer a Dios más? 

¡Es necesario volver al altar y permanecer en él!

El liderazgo: Lección 4

Cuando alcanzamos la intimidad con Dios al estándar que él desea suceden grandes cosas   en nuestra vida. Al igual que Samuel y otros grandes hombres y mujeres de Dios, él nos llama hoy para llevarnos a ese nivel. Como vimos en Samuel hubo un acercamiento de parte de Dios y un “heme aquí ” de parte de Samuel. Ciertamente él era un niño, pero lo importante de la historia es que necesitó responder al llamado para comenzar a recibir revelación.

En la intimidad Dios nos da revelación.

A eso vino Jesús entre muchas cosas (muy importantes como constituirse nuestro Señor y Salvador)—vino a revelarnos la Palabra y a revelarnos al Padre. La Palabra dice: 
Todas las cosas me fueron entregadas por mi Padre; y nadie conoce al Hijo, sino el Padre, ni al Padre conoce alguno, sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo lo quiera revelar” (Mateo 11:27).

Entonces podemos entender que esa condición de Dios como Padre tengo que recibirla por revelación y que Cristo se la revela a quien él quiere. A lo mejor te preguntas: ¿Que tiene que ver todo esto con la intimidad? Esta pregunta me recuerda un pasaje de la Biblia: “Y he aquí había en Jerusalén un hombre llamado Simeón, y este hombre, justo y piadoso, esperaba la consolación de Israel; y el Espíritu Santo estaba sobre él. Y le había sido revelado por el Espíritu Santo, que no vería la muerte antes que viese al Ungido del Señor. Y movido por el Espíritu, vino al templo. Y cuando los padres del niño Jesús lo trajeron al templo, para hacer por él conforme al rito de la ley, él le tomó en sus brazos, y bendijo a Dios, diciendo: Ahora, Señor, despides a tu siervo en paz, conforme a tu palabra; porque han visto mis ojos tu salvación, la cual has preparado en presencia de todos los pueblos; luz para revelación a los gentiles, y gloria de tu pueblo Israel” (Lucas 2:25–32).

Podemos ver aquí que una de las primeras afirmaciones proféticas acerca de Jesús fue que sería luz para revelación. Esto corrobora lo que hemos expuesto, pero también encontramos aquí en esta historia, que el Espíritu Santo da por revelación la Palabra profética y el deseo personal a un hombre llamado Simeón.  No conocemos mucho de él pero que tenía dos características muy importantes: era “justo” y “piadoso“. Estas características sólo se obtienen con intimidad porque forman parte del carácter de Dios (ADN espiritual)

Preguntas de reflexión: 

  • Explique qué quieren decir los dos términos “justo” y “piadoso” dentro del pasaje de Lucas 2 de arriba. ¿Qué entiende Ud. de cómo se manifiestan esas características en nuestro ambiente?
  • ¿Cómo puede Ud. tener las características, como “justo” y “piadoso” para que le sea revelado Dios como Padre?
  • ¿Será que está todavía en el nivel de ver a Dios solo como salvador? ¿cómo puede madurarse más en su conocimiento de Dios? ¿Qué pasos concretos puede dar?

A modo de reflexión pudiéramos decir, si sólo veo a Dios como salvador o incluso como juez y no como Padre, entonces necesito intimar más.

¿Qué otra cosa me es revelada por la intimidad?   Palabra revelada a su espíritu, esa palabra que ha leído pero que un día siente algo que le dice que la tome para su vida, que se le hizo Rhema, algo que no puede explicar pero que sabe que es diferente. Déjame decirle que eso se llama revelación; al igual que la gracia es un misterium tremendum.

Por esto y más la revelación es clave, como lo expresa el mismo significado de revelación: “lo que aparta el velo, lo que me deja ver más allá de lo evidente, lo que hace apoderarme de lo invisible”. Este último me gusta ya que hoy en día necesitamos apoderarnos de las promesas de Dios y esto solo se logra por revelación.

Jeremías 33:6 dice: “He aquí que yo les traeré sanidad y medicina; y los curaré, y les revelaré abundancia de paz y de verdad”. Si hay algo que necesitamos en estos tiempos es Paz, sanidad y medicina. Éstas vienen por revelación a su espíritu de parte de Dios. 

Terminamos con esto: El Apóstol Pablo en sus oraciones por  sus discípulos pidió lo siguiente: “No ceso de dar gracias por vosotros, haciendo memoria de vosotros en mis oraciones, para que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de gloria, os dé espíritu de sabiduría y de *revelación* en el conocimiento de él, alumbrando los ojos de vuestro entendimiento, para que sepáis cuál es la esperanza a que él os ha llamado, y cuáles las riquezas de la gloria de su herencia en los santos” (Efesios 1:16–18).

La revelación es para los santos que tienen una intimidad genuina con Dios.

El liderazgo: Lección 5

Uno de los pasajes que mencionamos anteriormente fue: “Para que todos sean uno; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros; para que el mundo crea que tú me enviaste. La gloria que me diste, yo les he dado, para que sean uno, así como nosotros somos uno. Yo en ellos, y tú en mí, para que sean perfectos en unidad, para que el mundo conozca que tú me enviaste, y que los has amado a ellos como también a mí me has amado” (Juan 17:20–23).

Este pasaje me recuerda un concepto teológico, “la Aseidad” (atributo de Dios por el cual Dios existe y se sustenta por sí mismo). Cuando leemos Juan 17:23, podemos entonces pensar que Cristo nos invita a formar parte de su “Aseidad”, diciendo que podemos ser uno solo  en él. Definitivamente esto es comunión, esto es intimidad. También desea que seamos perfectos en unidad con el Padre y con el Hijo. 

¿Cuándo y cómo podemos gozar de esa unidad? 

La palabra dice en Juan 14:15-17: “Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre: el Espíritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir, porque no le ve, ni le conoce; pero vosotros le conocéis, porque mora con vosotros, y estará en vosotros”.

Esta promesa cumplida es la que nos permite disfrutar de este atributo de Dios, la Aseidad, que para nosotros incluye al Espíritu Santo el Consolador (en griego, Parakletos, que significa el que es llamado para estar a nuestro lado para apoyarnos). Es de hacer notar que también el Señor dice “otro consolador”. Aquí la palabra usada como “otro” es la palabra allos que significa: “igual a mí,” otro yo”. No está diciendo otro parecido o diferente, el Espíritu Santo es Dios.

Cuando se nos revela quién es el Espíritu Santo y lo que hace por nosotros, es evidente que la parte que Dios pone en pro de nuestra relación con Él es hermosa, sorprendente, sobrenatural. El Señor nos da el Espíritu Santo para que por medio de Él disfrutemos de ser uno y perfectos en unidad.

Esto nos hace pensar cómo es la intimidad con Dios por medio del Espíritu Santo. Al respecto dice la Palabra: “Y no contristéis al Espíritu Santo de Dios, con el cual fuisteis sellado para el día de la redención” (Efesios 4:30). Entonces podemos concluir que la intimidad con Dios es tan sensible como lo es el Santo Espíritu.

Preguntas para la reflexión:

  • ¿Cómo puede usted mantenerse en santidad para no contristar al Espíritu Santo y permanecer en intimidad? ¿Cuáles pasos debe tomar?
  • ¿Qué tipo de consolación necesita Ud. del Parakletos? ¿Qué puede él dar que le hace tener más intimidad con Dios?

Como hemos aprendido la intimidad con Dios es mucho más que un tiempo de oración, es buscar el rostro del Señor, es ser uno con Él, es reflejar su rostro, es morir yo para que viva Él, y todo esto lo logro con la ayuda del Espíritu Santo de Dios el cual es Dios mismo en mí.

Gracias damos al Señor por su Espíritu Santo, pero al finalizar estos cinco puntos que hemos compartido de intimidad es bueno considerar bien esta última parte: la intimidad es tan sensible como el Santo Espíritu. De ahí la importancia de la santidad que será nuestro próximo valor a compartir. Hemos mencionado hasta ahora que la intimidad es buscar el Rostro de Dios, pero también es el carácter de Dios en mí, es reflejar su rostro, es llegar a ser como Él es. Pero hay más: intimidad es también morir yo para que viva Él, es entregar, es renunciarse, es ya no existo yo existe es Cristo en mi…Amén.

La santidad

 Un estudio bíblico para uso individual o en grupos pequeños

 Escrito y presentado para la gloria de Dios y para el bien de la iglesia latinoamericana por los profesores Franklin Peroza e Hilde Suárez de Peroza,               Seminario Wesleyano de Venezuela 

Introducción a la serie, La santidad

La serie “Santidad” fue escrita con la finalidad de conocer uno de los atributos de Dios. Dios es santo y desea que su pueblo lo sea también, cuando nos acercamos a Él en adoración, Dios comienza a compartir su santidad con nosotros y mientras intimamos con Él, mas seremos como Él es. De esta manera seremos santos no solo producto de la obediencia a un mandato de Dios, sino que también seremos santos producto del acercamiento a nuestro Señor.

Objetivos 

  • Conocer la santidad como un atributo de Dios.
  • Reflexionar sobre las maneras que Dios usa para acercarnos a Él con el objeto de darnos a conocer su santidad.
  • Valorar la santidad como factor importante en la vida del creyente para evitar la tentación a pecar.

Acerca de los autores

Franklin e Hilde de Peroza son pastores de la iglesia Red Cristiana en Venezuela. Son profesores en el Seminario Wesleyano de Venezuela en diversas materias. Su pasión es enseñar la Palabra de Dios y equipar a la siguiente generación.

Pastor Lcdo. Franklin Peroza

  • Instructor y escritor de cursos, Seminario Wesleyano de Venezuela (Panorama del AT; Libros históricos; Pentateuco; Teología de la santidad; Autoridad espiritual)
  • Escritor de devocionales, Coordinador de capacitación y discipulado, Red Global Restauración
  • Pastor de la Iglesia Red Cristiana, Venezuela
  • fgperoza16@gmail.com

Pastora Lcda. Hilde Suárez de Peroza

  • Instructor y escritora de cursos, Seminario Wesleyano de Venezuela (Educación cristiana para adultos; Estilos de aprendizaje; Libro de Hechos; Grupos celulares; Panorama del NT)
  • Escritora de devocionales, Coordinadora de capacitación y discipulado, Red Global Restauración
  • Pastora de la Iglesia Red Cristiana, Venezuela
  • hilde.suarez@gmail.com

La santidadLección 1

Hay tantas cosas importantes en nuestra vida como cristianos, son tantas las bendiciones que hemos recibido de parte de Dios: Él nos ha dado una familia, diferentes recursos, salud, ministerios etc. Y estamos seguros que han traído grandes alegrías a nuestras vidas.

En una oportunidad, Jesús envió a setenta de sus seguidores a toda la ciudad a predicar su Palabra. Dice la historia que fueron y sanaron enfermos y echaron fuera demonios y más. Al finalizar la jornada ellos volvieron con gozo, diciendo: “Señor aun los demonios se nos sujetan en tu nombre” (Lucas 10:17). Entre otras cosas el Señor les responde: “Pero no os regocijéis de que los espíritus se os sujeten, sino regocijaos de que vuestros nombres están escritos en los cielos” (Lucas 10:20). Esto nos hace pensar que si algo nos debe alegrar es poder tener la seguridad de poder ir al cielo y por supuesto poder disfrutar de todo lo que eso implica y poder ver al Señor.

Ahora bien, la Palabra dice en Hebreos 12:14: “Seguid la paz con todos, y la santidad sin la cual nadie verá al Señor”. Este versículo y muchos más nos demuestran la importancia de la santidad como condición indispensable para poder ver a Dios. Creemos firmemente que la santidad y la salvación van de la mano, que una garantiza la otra y la importancia de mantener una vida en santidad. Por eso a los no convertidos se les tiene que predicar salvación, pero a la gente de la iglesia se les tiene que predicar santidad.

La santidad tiene muchos beneficios para nuestra vida. Me gusta mucho una canción de New Vine que dice “La expectativa viene cuando hacemos lo correcto delante del Señor”; es una gran realidad ya que la santidad no sólo nos garantiza conservar la salvación, sino que nos abre las puertas para alcanzar nuevos niveles en nuestras vidas personales y ministeriales.

Cuando leemos la historia del pueblo de Israel en el libro de Josué nos encontramos que el pueblo ya a punto de alcanzar lo que tanto anhelaron por años, lo que les costó pruebas, batallas y todo lo que implica 40 años de desierto, cuando ya estaban supuestamente listos para empezar a conquistar sus tierras reciben de parte de su líder Josué una orden que era clave para poder apoderarse de su bendición: “Santificaos, porque el Señor hará mañana maravillas entre vosotros” (Josué 3:5).El pueblo de Israel era un pueblo supuestamente preparado y emocionalmente listo para tomar lo que tanto deseaban pero faltaba algo muy importante que es muy necesario para poder ser llevados a otro nivel como lo es la santidad.

Israel pasó por muchas cosas para poder llegar a ese nivel de poder saber y entender lo que era la santidad. Ellos no la conocían ni su concepto ni su alcance cuando salieron de Egipto, porque después de 430 años en una tierra que no era suya, rodeados de paganismo y pecado donde los conceptos de vida y muerte, de cielo e infierno eran errados, y donde el concepto de santidad y su contraparte el pecado no existían, tuvieron que ser procesados en un desierto y vivir lo que hoy leemos en parte del Pentateuco y especialmente en el libro de Levítico. Esto permitió que aprendieran y entendieran estos conceptos bajo la óptica de Dios y no del paganismo.

Por ejemplo, leemos en Levítico: “Para poder discernir entre lo santo y lo profano, y entre lo inmundo y lo limpio” (Levítico 10:10). En este sentido lo que ellos entendían como “Lo separado para consagrar  a los dioses” nada tenía que ver con lo puro o lo impuro, lo santo o lo pecaminoso, ya que no conocían el concepto de santidad, El pueblo de Israel no tenía clara la diferencia entre lo santo y lo profano, su referencia en cuanto al significado de esta palabra era lo que los pueblos vecinos conocían como santo y este significado nada tenía que ver con el carácter de Dios, donde lo consagrado a los dioses nada tenía que ver con santidad. John Oswalt, en su libro Llamados a ser santos, nos da un claro ejemplo cuando ellos (los pueblos paganos) consagraban a los dioses a las prostitutas paganas llamadas gadishot, a las cuales se les denominaba “mujeres santas”. Esto nos da una muestra de lo que para ellos significaba ser santo. Por esta razón Dios tuvo que enseñarles a diferenciar entre lo santo y lo profano por medio de las leyes contenidas en Levítico. En resumen, tenían que entender la santidad desde la perspectiva de Dios y no desde el paganismo.

Ahora bien ¿Por qué comentamos todo esto? Porque podemos estar como el pueblo de Israel, no en la condición que estaban en Josué capítulo tres donde muchos estaban entendidos de lo que era la santidad, sino como estaban cuando recién salieron de Egipto sin entender claramente la profundidad y el alcance de la misma. No queremos decir con esto que sea su caso, pero cuando le preguntamos a la gente, ¿Para usted qué es santidad?, la mayoría contesta ser apartados para Dios. Permítenos decirle que esto sería en el mejor de los casos consecuencia de la santidad y no la santidad en sí. Decimos en el mejor de los casos porque muchos creyendo que esto era suficiente se apartaron refugiándose en dogmas y religiones, en lugares erróneamente llamados santos, buscando supuestamente la santidad, pero llevándose el pecado con ellos. Un ejemplo de ellos son los monjes orientales, conventos, etc., donde se ha comprobado que internándose en esos lugares no necesariamente se consigue la santidad ya que ésta no se trata de apartarse sino de acercarse a Dios.

 Hoy en día pudiéramos estar en esta condición, sumergidos en nuestra religión, en nuestras iglesias, en nuestros ministerios con un concepto errado de lo que es la verdadera santidad y por ende viviendo las consecuencias del error. Esperamos en los próximos capítulos poder compartir parte de lo que es la santidad y su alcance para nuestras vidas. ¡El Señor les bendiga!

La santidadLección 2

Dios tuvo que hacer muchas cosas para que su pueblo conociera la santidad. Lo primero que hizo fue tener un encuentro con un hombre llamado Moisés. Todos conocemos la historia de cómo el Señor se le aparece en una zarza ardiente (Éxodo 3:4-5) y, llamándolo por su nombre, le dijo “Moisés, Moisés”, y él respondió: “Heme aquí”. Le dijo el Señor, “No te acerques; quita el calzado de tus pies porque el lugar que pisas, santo es”.

Este encuentro fue el primero que tuvo Moisés con la santidad de Dios, en un lugar que era santo porque la presencia de Dios estaba allí, una presencia tan santa que incluso pudo hacer santa hasta la arena del desierto. Cuanto más puede hacer santos a los hombres que se acerquen a él, ya que somos su principal creación.

¿Por qué el Señor es la fuente de la santidad? Porque la santidad es un atributo de Dios, la santidad forma parte del carácter de Dios, el cual comparte por gracia con aquellos que se acercan a Él. Partiendo así de este concepto, podemos entender por qué Dios estaba tan interesado en tener un acercamiento con su pueblo. No bastaba con hablarles por medio de visiones o por sueños como había sucedido desde que se rompió la relación con Él, producto de la transgresión de Adán y Eva. El Señor necesitaba algo más y tuvo que acercarse movido por su gracia misericordiosa para darles a conocer su carácter por medio de una relación cercana. Esta relación se fue profundizando más y más hasta hacerse íntima y necesaria.

Este último punto es interesante. Cuando decimos que esta relación íntima tuvo que hacerse necesaria, por eso Dios los llevó al desierto para darles a conocer su carácter en un lugar donde por las dificultades del mismo tuvieran que aprender a depender de Dios y así poderles demostrar su poder y su carácter que es tres veces santo (Isaías 6:3 Ap. 4:8), recto y justo (Dt. 32:4) y lleno de amor (1 Juan 4:8).

Así que el mejor lugar para conocer el carácter de Dios es en medio de las dificultades. Demos entonces gracias a Dios por los desiertos de nuestra vida ya que si somos entendidos de esto serán una gran oportunidad para acercarnos a Él y recibir su carácter que, al igual que Moisés, nos empodera para llevar a cabo el propósito por el cual hemos sido llamados.

Como podemos ver, el Señor siempre va a utilizar y a procurar en muchos de los casos circunstancias que nos inviten a buscar de esa intimidad con Él, que nos hagan conocerle aún más, porque Dios quiere bendecir nuestras vidas, quiere hacernos como Él. “Sed imitadores de Dios” dice la palabra (Efesios 5:1) y eso solo se logra con intimidad. Dios no obliga a nadie a ser como es Él, sólo nos da la oportunidad de serlo. Por esta razón Dios busca intimar con el hombre, porque ser santo es el producto de una relación. He allí una de las razones del Tabernáculo y de los sacrificios, donde el Señor se relaciona con el hombre y les pide hacer holocaustos de animales que fueran perfectos, sin mancha y sin defecto alguno (Lv.  1:3-10).

La palabra usada aquí en el original hebreo es la palabra tamim, que significa perfecto, sin defecto. En este contexto el Señor quiso que el holocausto que significa “lo que sube a Jehová” fuera tamim, porque es el requisito que necesitamos para ser “olor grato delante de nuestro Dios”. Eso sólo se logra siendo como es ÉL, sin mancha y sin defecto. Esto es lo que se denomina “Sinergia de la santidad”, es decir, mientras más íntimo, más santo soy y esto a su vez me hace más apto para intimar.

 Como podemos ver, el estándar de Dios es alto, entonces las preguntas a considerar serian:

  • ¿Estoy consciente que como sacrificio vivo que soy, debo estar sin mancha y sin defecto?
  • ¿Estoy buscando intimar con Dios solo para que solucione mis problemas o estoy también interesado en ser como Él?
  • ¿Estoy aprovechando el desierto que estamos viviendo para formar el carácter de Dios en mí, o simplemente estoy pasando las dificultades con mi carácter?

Culminamos con esto: Dios es el mismo ayer hoy y siempre, Él quiere bendecir nuestras vidas dándonos su santidad, para poder así recibir los beneficios de la misma, entendiendo que la santidad es el carácter de Dios en mí, que Él lo transmite por gracia a aquellos que le buscan. La invitación es a que intimemos aún más con Él.  ¡Dios les bendiga!

La santidad: Lección 3

Cuando seguimos estudiando la historia del pueblo de Israel, ciertamente nos conseguimos con algunos pasajes en la Palabra que nos enseñan sobre la importancia de la santidad en nuestras vidas. ¿Recuerda que leímos que Israel fue llamado a santificarse antes de entrar a conquistar la tierra prometida (Josué 3:15)? La idea era que esa santificación se mantuviera, que no fuera sólo un acto de un momento, así que Dios tenía que probar qué tanto había de verdadera santificación en ellos.

Si leemos la historia de la toma de Jericó descrita en los capítulos 6 y 7 de Josué, vemos que en el capítulo 6, versículo 18, el Señor les ordena que al entrar en la ciudad no tomen del Anatema incluso que ni lo toquen. La Palabra dice textualmente así: “Pero vosotros guardaos del anatema, ni toquéis, ni toméis alguna cosa del anatema, no sea que hagáis anatema el campamento de Israel y lo turbéis”.

¿Qué pasó en ese episodio? Toda una familia que evidentemente no se había santificado como debía tomó del anatema (Josué 7:1). Entonces el pueblo tuvo que santificarse otra vez como podemos ver en el versículo 13 de este mismo capítulo: “Levántate, santifica al pueblo, y di: Santificaos para mañana; porque Jehová el Dios de Israel dice así: Anatema hay en medio de ti, Israel; no podrás hacer frente a tus enemigos, hasta que hayáis quitado el anatema de en medio de vosotros”.

Es interesante ver que Dios es un Dios de oportunidades y de misericordia, porque él sabía que, si intentaban conquistar la ciudad en esta condición de pecado, la perderían, incluso hasta sus vidas. Como hemos dicho antes, esto nos demuestra que la santidad es necesaria para alcanzar nuevos niveles, pero también para hacer frente a los enemigos que quieran evitar que alcancemos lo que Dios tiene para nosotros.

Cuando leemos Josué 7:25-26, nos encontramos allí con las consecuencias para Acán y toda su familia por haber faltado a la orden del Señor y haber tomado del Anatema. Leamos: “Y le dijo Josué: ¿Por qué nos has turbado? Túrbete Jehová en este día.  Y todos los israelitas los apedrearon, y los quemaron después de apedrearlos. Y levantaron sobre él un gran montón de piedras, que permanece hasta hoy. Y Jehová se volvió del ardor de su ira. Y por esto aquel lugar se llama el valle de Acor, hasta hoy”.

Aquí vemos algunas cosa interesantes, como lo es, que la desobediencia y la falta de integridad siempre traen consecuencias, pudiéramos decir que extremas en este caso. Por esta razón el pueblo de Israel, a pesar de sus errores, es admirable ya que como dice la Palabra en 1 Corintios 10:6: “Mas estas cosas sucedieron como ejemplos para nosotros, para que no codiciemos cosas malas, como ellos las codiciaron”. Claro este versículo hace referencia a los que quedaron postrados en el desierto, pero podemos aplicarlo a este contexto.

Otra cosa interesante que podemos ver en este pasaje de Josué 7:25-26 es que el valle toma el nombre de Acor. Esto tiene un significado con transcendencia espiritual muy importante como lo es “Jehová se vuelve del ardor de su ira”. Cuando leemos el Libro de Oseas donde entre otras cosas se profetiza castigo, pero con esperanza para el pueblo de Israel, podemos leer en el capítulo 2, versículos 14 y 15 lo siguiente refiriéndose a Israel: “Pero he aquí que yo la traeré y la llevare al desierto, y hablare a su corazón. Y le daré sus viñas desde allí, y valle de Acor por puerta de esperanza; y allí cantara como en tiempos de su juventud, y como en el día de su subida de la tierra de Egipto”.

¡Qué hermosa palabra es ésta! Seguimos viendo aquí que el Señor confirma que el desierto es el mejor lugar para hablar a nuestros corazones. Por otro lado, vemos que hay situaciones donde Dios tiene que ser severo como lo fue con Acán y su familia, pero esto nos enseña la importancia de la santidad. Seguramente ha habido valles de Acor en su vida, momentos donde las cosas no salen como esperábamos incluso salen mal y pareciera que la situación forma parte de un plan divino para darnos una reprimenda o un llamado de atención y en el mejor de los casos una enseñanza. Usted sabe a qué nos referimos.

Ahora bien si solo vemos las cosas desde la perspectiva natural y no del trasfondo espiritual del asunto como lo denota el significado  del nombre del valle de Acor (lo que calma la ira del Señor), no entenderíamos entonces la misericordia de Dios en medio de situaciones que aparentemente nos parecen injustas, ya que desconoceríamos lo que realmente Dios quiere, darnos una “Puerta de Esperanza” que nos permita arrepentirnos y buscar la santificación en medio de las circunstancias. Cuando no entendemos esto, entonces juzgamos las circunstancias incluso juzgamos a Dios.

Las preguntas a considerar serian:

  • ¿Ha habido valles de Acor en su vida? (situaciones difíciles donde lo que Dios quiere es que se arrepiente)
  • ¿Has entendido lo que Dios quería lograr?
  • ¿Has juzgado a Dios en medio de ellas?

Concluyo con esto: Dios está más interesado en formar Su carácter en nosotros, que en nuestra comodidad. No quiere decir que Él sea la fuente de todas las situaciones difíciles, simplemente las usa para llevarnos a otro nivel. Gracias al Señor porque estamos bajo la gracia, pero déjenos decirle algo, Dios es el mismo ayer hoy y siempre. El Señor los bendiga.

La santidad: Lección 4

En los textos anteriores mencionamos algunas de las consecuencias del pecado y de cómo el mismo ahoga lo que deberían ser los beneficios de la santidad en nuestra vida. Vimos cómo la vida del pueblo de Israel estaba llena de errores que trajeron como consecuencia el “ardor de la ira de Jehová” sobre ellos. Dios les dio muchas oportunidades, pero las perdieron y recibieron sus consecuencias. Dice Deuteronomio 29:24-25: “Más aún, todas las naciones dirán: ¿Por qué hizo esto Jehová a esta tierra? ¿Qué significa el ardor de esta gran ira? Y responderán: Por cuanto dejaron el pacto de Jehová el Dios de sus padres, que él concertó con ellos cuando las sacó de la tierra de Egipto”.

Recordemos todo lo que el Señor hizo cuando sacó al pueblo de Egipto: les demostró su poder, dio leyes, mandamientos, ordenanzas y, por supuesto, el pacto, con la intención de darse a conocer, dar a conocer su carácter santo y transmitirlo así al pueblo. ¿Qué pasó? Como lo vimos, fallaron. Pero Dios en su infinita misericordia decidió darnos—y digo darnos, porque lo que el Señor hizo fue de una trascendencia espiritual que por su Gracia nos alcanza hasta el día de hoy.

Leamos la solución al problema planteada por Dios en Jeremías 31:31-33: “He aquí que vienen días, dice Jehová, en los cuales haré nuevo pacto con la casa de Israel y con la casa de Judá. No como el pacto que hice con sus padres el día que tomé su mano para sacarlos de la tierra de Egipto; porque ellos invalidaron mi pacto, aunque fui yo un marido para ellos, dice Jehová. Pero este es el pacto que haré con la casa de Israel después de aquellos días, dice Jehová: Daré mi ley en su mente, y la escribiré en su corazón, y yo seré a ellos por Dios, y ellos me serán por pueblo”.

Gloria a Dios por esta solución que nos alcanza hasta el día de hoy, donde Dios decide hacer un nuevo pacto con características extraordinarias con un pueblo escogido. Por eso aquí Dios dice “con la casa” y no con el pueblo en general, es porque este pacto está mediado como ya sabemos por la aceptación de Cristo, quien es el mediador del nuevo pacto (Hebreos 12:24). Lo otro sumamente importante que aquí leemos es el lugar donde se darían y escribirían las leyes, en nuestra mente y corazón, en nuestro ser interior. De esta manera se daría cumplimiento a la última parte del pacto: sería Él por Dios para nosotros y nosotros pueblo para Él.

Como vemos, el hombre interior es el lugar perfecto, el lugar más cercano a donde Dios quiere llegar, de la cima del monte al tabernáculo y de allí al corazón. ¡Qué bendición!

Nos atrevemos a decir que aquí se empieza a hacerse realidad la afirmación hecha por David en el salmo 101, cuando dice “Entenderé el camino de la perfección cuando vengas a mí”. También escribe David en el salmo 51, en los versículos 10 y 11 lo siguiente: “Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, y renueva un espíritu recto dentro de mí. No me eches de delante de ti, Y no quites de mí tu santo Espíritu”.

¿Qué podemos aprender de estos versículos del salmo 51? Que definitivamente la solución como hemos mencionado está en el corazón y al cambiar el corazón se puede renovar el espíritu. Aquí la palabra espíritu esta con minúscula, porque se está refiriendo al carácter del hombre y deja claro que este debería ser recto (integro, santo). Lo otro que pide David aquí es que no sea apartado el Espíritu Santo de él, esto es clave en la solución dada por Dios.

¿Por qué el Espíritu santo es la Clave? En Juan 16:7, Jesús dice: Pero yo os digo la verdad: Os conviene que yo me vaya; porque si no me fuera, el Consolador no vendría a vosotros; más si me fuere, os lo enviaré”. Y quien más que Jesús, el mediador del nuevo pacto, para decir esta gran verdad. Otra de las verdades está en el versículo 8, que dice: “Y cuando él venga, convencerá al mundo de pecado de justicia y de juicio”.

Esta es la clave, es el Espíritu Santo quien nos convence de pecado, siendo el pecado lo contrario a la santidad. Recordemos lo planteado en la primera serie del valor que compartimos como lo fue “intimidad con Dios”, donde concluimos, que al tener intimidad con Dios tenemos intimidad con el Espíritu Santo, ya que los tres son uno, y podemos ser tan sensibles al pecado como lo es el mismo Espíritu.

¿Que nos da el Espíritu Santo en la intimidad? En Gálatas 5:22 leemos: “Más el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley”.

Cabe hacer notar que antes de este versículo encontramos otros muy interesantes como lo son los versículos del 19 al 21 de Gálatas 5, donde leemos sobre las obras de la carne (en otras palabras, las obras del pecado). Pero cuando leemos como empieza el versículo 22, que utiliza la expresión Mas el fruto”, denota es que con este fruto podemos tener la solución al problema del pecado. Sobre todo cuando se habla de benignidad, ya que la Palabra dice en Romanos 2:4 que la benignidad me guía al arrepentimiento.

 Así que la invitación es a intimar con el Espíritu Santo, para así poder fortalecer nuestro espíritu (hombre interior) y vivir una vida de santidad, dependiendo siempre de Dios. Dios les bendiga.

La intimidad con Dios

 Un estudio bíblico para uso individual o en grupos pequeños

 Escrito y presentado para la gloria de Dios y para el bien de la iglesia latinoamericana por los profesores Franklin Peroza e Hilde Suárez de Peroza,               Seminario Wesleyano de Venezuela 

Introducción a la serie, La intimidad con Dios

Esta serie fue escrita con el propósito de abordar un tema que consideramos medular en el crecimiento espiritual del creyente. Observamos que las personas perciben la intimidad con Dios de maneras diferentes y algunas no tienen claridad sobre este concepto. La humanidad trata de acercarse a Dios, pero lo hacen desde su perspectiva y no desde la perspectiva de Dios. El Señor desea que tengamos una relación íntima con Él. Esto implica tiempo de calidad. No se trata de un momento al día, a la semana o al año. Se trata de una relación estable y permanente con Él, donde hay una transferencia de ADN de Dios hacia nosotros de tal manera que llegamos a parecernos a Él.

Objetivos 

  • Profundizar en el estudio de intimidad y su significado.
  • Propiciar conversaciones e intercambio de experiencias entre los participantes que ayuden a la edificación mutua.
  • Mostrar la importancia de tener una relación de intimidad con Dios permanente como base para el éxito de nuestra vida cristiana.

Acerca de los autores

Franklin e Hilde de Peroza son pastores de la iglesia Red Cristiana en Venezuela. Son profesores en el Seminario Wesleyano de Venezuela en diversas materias. Su pasión es enseñar la Palabra de Dios y equipar a la siguiente generación.

Pastor Lcdo. Franklin Peroza

  • Instructor y escritor de cursos, Seminario Wesleyano de Venezuela (Panorama del AT; Libros históricos; Pentateuco; Teología de la santidad; Autoridad espiritual)
  • Escritor de devocionales, Coordinador de capacitación y discipulado, Red Global Restauración
  • Pastor de la Iglesia Red Cristiana, Venezuela
  • fgperoza16@gmail.com

Pastora Lcda. Hilde Suárez de Peroza

  • Instructor y escritora de cursos, Seminario Wesleyano de Venezuela (Educación cristiana para adultos; Estilos de aprendizaje; Libro de Hechos; Grupos celulares; Panorama del NT)
  • Escritora de devocionales, Coordinadora de capacitación y discipulado, Red Global Restauración
  • Pastora de la Iglesia Red Cristiana, Venezuela
  • hilde.suarez@gmail.com

La intimidad con DiosLección 1

Comunión, acercamiento, buscar el Rostro del Señor—son algunas palabras y expresiones que más se aproximan al significado de intimidad. Ciertamente todas éstas forman parte del concepto de intimidad con Dios; pero la expresión “buscar el Rostro del Señor “, me hace pensar en una madre en gestación en sus últimos meses, que quiere ver el rostro ya formado de su hijo y acude a la ecografía para poner su vista dentro de sí misma y así ver el rostro de su esperado hijo. Así puede observar, entre otras cosas, qué tanto de ella hay en él y cuánto de él hay en ella. La palabra intimidad en su etimología del latín, intimus, significa: Dentro de algo o alguien, así que es la palabra correcta para describir el fin de la búsqueda de Dios, ya que viene a ser el nivel que Dios quiere que alcancemos: Nosotros en él y él en nosotros.

Por eso la oración que Jesús hace por sus discípulos y por nosotros en Juan diecisiete describe este deseo de Cristo: “Mas no ruego solamente por éstos, sino también por los que han de creer en mí por la palabra de ellos, para que todos sean uno; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros; para que el mundo crea que tú me enviaste. La gloria que me diste, yo les he dado, para que sean uno, así como nosotros somos uno. Yo en ellos, y tú en mí, para que sean perfectos en unidad, para que el mundo conozca que tú me enviaste, y que los has amado a ellos como también a mí me has amado” (Juan 17:20-23).

Entonces, la intimidad para Jesús es que seamos uno solo con él y en él como lo es Él con el Padre, así nosotros seamos uno solo con ellos, perfectos en unidad. ¡Qué hermoso el alcance de la intimidad desde el deseo de Dios!

A manera de reflexión podemos hacernos las siguientes preguntas: 

  1. ¿Qué me motiva a tener intimidad con Dios?
  2. ¿Estamos buscando a Dios sólo por nuestros motivos (ministerio, anhelos personales, etc.)?
  3. ¿Cómo puedo involucrar el propósito de Dios más en mi búsqueda?
  4. Explique qué es unión con Dios según la oración en Juan 17. ¿Cómo aplica a su vida?
  5. La madre al ver al niño suele decir: se parece a mí o al padre. ¿Será que nuestra intimidad está haciendo que nos parezcamos a Dios? Si no es así, ¿por qué? ¿Qué ajustes tenemos que hacer?

La intimidad con Dios: Lección 2

La intimidad, ¡qué gran bendición nos dio Dios al acercarse a nosotros! Primero estaba en la cima del monte, luego en el tabernáculo y de ahí a nuestro corazón, que es nuestro “yo”. 

“Tal cual como es el hombre en su corazón así es” (Proverbios 23:7). Ojalá pudiéramos sacar una fotografía del lugar donde habita Dios—pero no nos referimos al cielo, nos referimos a nuestro corazón. ¿Cómo sería esa fotografía? ¿Se parecería a Cristo? La intimidad hace que le parezca a con quien intima, la Intimidad graba el rostro de Cristo en sí, la Intimidad cambia su ADN espiritual.

Esto nos hace pensar en esos primeros encuentros de acercamiento de Dios con Moisés. Veamos en Éxodo: Y aconteció que descendiendo Moisés del monte Sinaí con las dos tablas del testimonio en su mano, al descender del monte, no sabía Moisés que la piel de su rostro resplandecía, después que hubo hablado con Dios (Éxodo 34:29).

Aquí vemos como el rostro de Moisés cambió producto de un acercamiento a Dios, así mismo nuestro rostro espiritual (ADN) es transformado por la presencia sobrenatural de Dios cuando estamos en su presencia.

Cuando nuestro ADN cambia producto de la intimidad con Dios, nos parecemos a él, hablamos como él y pensamos como él. Y eso lo ve tanto la gente, como Dios mismo. Sólo la intimidad hace que ese parecer sea genuino; eso nos recuerda las palabras de Dios a Samuel: Y Jehová respondió a Samuel: No mires a su parecer, ni a lo grande de su estatura, porque yo lo desecho; porque Jehová no mira lo que mira el hombre; pues el hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero Jehová mira el corazón (1 Samuel 16:7).

Nuestro corazón, el cual no pueden ver los hombres pero Dios sí lo ve, es nuestra carta de presentación ante él, y debería ser ante el mundo. Debemos dar la oportunidad de que el Señor escriba, moldee, trabaje en nuestro corazón.

En Mateo 8:20, Jesús dijo: Las zorras tienen guaridas, y las aves del cielo nidos; mas el Hijo del Hombre no tiene dónde recostar su cabeza.  Qué triste cuando el corazón está lleno de tantas cosas que no hay lugar para Dios. Por medio de la intimidad, el Señor limpia y ordena para luego habitar y recostar su cabeza.

La intimidad debe ser constante porque Dios quiere ser un habitante de nuestro corazón. No somos habitantes de nuestras casas por solo un momento, eso sería visitantes; por eso la Intimidad no es solo un momento.

La intimidad no se trata de qué hacemos con el tiempo que pasamos con Dios, sino qué hace Dios en nosotros en ese tiempo. Con la intimidad aprendemos que no es tanto lo que yo hago, sino lo que hace Dios en mí.

Así que no saque a Dios de su hábitat, recuerda “la luz no tiene comunión con las tinieblas.

Preguntas para reflexionar:

  • ¿Está usted pasando suficiente tiempo con Dios para que él ordene así su hábitat? ¿Cómo puede pasar más tiempo con Él?
  • ¿Qué tiene que desechar de su vida para que Dios tenga más campo donde morar en Ud.?
  • La intimidad no es sólo en el tiempo que dispone para orar. ¿En qué forma puede ser una constante en su vida?
  • ¿Cómo ha hecho su intimidad con Dios para que le parezca más a Él? ¿Cómo se ha cambiado en el transcurso de tiempo al conocer Dios más?

No sabemos cuándo venga el señor, pero como están las cosas pareciera que no falta mucho, por eso te regalamos este último versículo: Y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis (Juan 14:3).

¿Si el Señor viene hoy, se hallará en Ud.?

La intimidad con Dios: Lección 3

El estudio anterior culminó con esta frase: ¿Si el Señor viene hoy, se hallará en Ud.?

Es una interrogante que nos reta a reflexionar sobre la manera como nos acercamos a Dios. Cada persona puede tener una idea diferente de lo que significa la intimidad con Dios y de acuerdo a su pre-entendimiento sobre ese tema, así serán las expectativas que tendrá al acercarse a Él.  Algunos se acercan motivados por una necesidad, otros por religiosidad y obligación. En los tres casos, un pre-entendimiento equivocado puede desviarnos del propósito de la intimidad.

Muchos pueden estar en el templo, sirviendo a Dios, pero aún no le han conocido. ¿Cómo puede ser esto? Veamos un ejemplo en el libro de Samuel: Y Samuel no había conocido aún a Jehová, ni la palabra de Jehová le había sido revelada (1 Samuel 3:7).

Samuel, a pesar de estar en el templo y estar al lado del sacerdote Elí, aún no conocía a Jehová. Y no es sino hasta que Jehová Dios le llama por su nombre, cuando sus ojos son abiertos para ver la visión de Dios. Vemos aquí  con el ejemplo de Samuel que el servicio nos da un privilegio y es aprovechar las oportunidades de ser usados por Dios, pero su servicio a Dios no es lo que le define, es necesario que sea legitimado, que Dios le reconozca, que le llame por su nombre. Ciertamente Cristo Jesús nos ha dado un lugar privilegiado, tenemos acceso a su gracia y a su presencia, pero es necesario ir más allá, al nivel donde Dios tiene complacencia de nosotros y nos llama por nuestro nombre; eso lo obtenemos cuando él habita en nosotros. Su visión será nuestra visión. Una de las cosas que viene como resultado de que Dios habite en nosotros es que tenemos una visión clara de lo que Dios quiere para el ministerio que nos ha sido entregado.   

Cuando tenemos a Dios como “visitante” de nuestro corazón, seremos tentados a buscar estrategias basadas en nuestras capacidades o visiones de otros, pero cuando Dios es “habitante” de nuestro corazón, él comparte su visión con nosotros, ya no hay velo. Podemos reposar en él sabiendo que lo que hacemos es exclusivamente producto de la obediencia a Dios y no de nuestro esfuerzo.  Nuestro Señor Jesús lo dijo: “Yo solo hago lo que el Padre me dice” y “Yo no puedo hacer nada por iniciativa mía“. ¿Cómo hacer para tener una convicción de que todo lo que hacemos proviene de Dios? La respuesta es sencilla: cuando las estrategias son recibidas en su presencia; cuando esto sucede, hay claridad. Así la carga se vuelve ligera y si hay humildad en nuestro corazón tenemos que reconocer que como dice la canción: “Todo se lo debo a Él“.  

Preguntas para reflexionar:

  • ¿Qué puede usted hacer para que no haga más énfasis en el servicio a Dios, más bien, para que busque más a su rostro?
  • ¿Qué puede Ud. hacer para que Dios sea habitante en vez de visitante en su vida?
  • ¿Cómo puede dejar que las estrategias para el ministerio fluyan de él hacia sí? Es decir, que sean el producto de estar en la presencia de él.
  • ¿Cómo puede fomentar que usted halle en Dios la visión de él en vez del suyo y del ministerio que representa?

 La Biblia nos habla de muchos hombres que Dios los llamó para participar de su presencia, pero percibieron ese llamado como una posición y como resultado la llama se extinguió, se apagó. Eso sucede en un primer momento, pero el resultado visible es que la palabra de Dios escasea de la boca de usted; no logra ver su visión y hay desgaste. Quizás todavía usted no ha conocido a Dios, quizás todavía él sea un visitante en su corazón ¿Cómo podemos conocer a Dios más?

¡Es necesario volver al altar y permanecer en él!

La intimidad con Dios: Lección 4

Cuando alcanzamos la intimidad con Dios al estándar que él desea suceden grandes cosas   en nuestra vida. Al igual que Samuel y otros grandes hombres y mujeres de Dios, él nos llama hoy para llevarnos a ese nivel. Como vimos en Samuel hubo un acercamiento de parte de Dios y un “heme aquí ” de parte de Samuel. Ciertamente él era un niño, pero lo importante de la historia es que necesitó responder al llamado para comenzar a recibir revelación.

En la intimidad Dios nos da revelación.

A eso vino Jesús entre muchas cosas (muy importantes como constituirse nuestro Señor y Salvador)—vino a revelarnos la Palabra y a revelarnos al Padre. La Palabra dice:  Todas las cosas me fueron entregadas por mi Padre; y nadie conoce al Hijo, sino el Padre, ni al Padre conoce alguno, sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo lo quiera revelar” (Mateo 11:27).

Entonces podemos entender que esa condición de Dios como Padre tengo que recibirla por revelación y que Cristo se la revela a quien él quiere. A lo mejor te preguntas: ¿Que tiene que ver todo esto con la intimidad? Esta pregunta me recuerda un pasaje de la Biblia: “Y he aquí había en Jerusalén un hombre llamado Simeón, y este hombre, justo y piadoso, esperaba la consolación de Israel; y el Espíritu Santo estaba sobre él. Y le había sido revelado por el Espíritu Santo, que no vería la muerte antes que viese al Ungido del Señor. Y movido por el Espíritu, vino al templo. Y cuando los padres del niño Jesús lo trajeron al templo, para hacer por él conforme al rito de la ley, él le tomó en sus brazos, y bendijo a Dios, diciendo: Ahora, Señor, despides a tu siervo en paz, conforme a tu palabra; porque han visto mis ojos tu salvación, la cual has preparado en presencia de todos los pueblos; luz para revelación a los gentiles, y gloria de tu pueblo Israel” (Lucas 2:25–32).

Podemos ver aquí que una de las primeras afirmaciones proféticas acerca de Jesús fue que sería luz para revelación. Esto corrobora lo que hemos expuesto, pero también encontramos aquí en esta historia, que el Espíritu Santo da por revelación la Palabra profética y el deseo personal a un hombre llamado Simeón.  No conocemos mucho de él pero que tenía dos características muy importantes: era “justo” y “piadoso“. Estas características sólo se obtienen con intimidad porque forman parte del carácter de Dios (ADN espiritual).

Preguntas de reflexión:

  • Explique qué quieren decir los dos términos “justo” y “piadoso” dentro del pasaje de Lucas 2 de arriba. ¿Qué entiende Ud. de cómo se manifiestan esas características en nuestro ambiente?
  • ¿Cómo puede Ud. tener las características, como “justo” y “piadoso” para que le sea revelado Dios como Padre?
  • ¿Será que está todavía en el nivel de ver a Dios solo como salvador? ¿cómo puede madurarse más en su conocimiento de Dios? ¿Qué pasos concretos puede dar?

  A modo de reflexión pudiéramos decir, si sólo veo a Dios como salvador o incluso como juez y no como Padre, entonces necesito intimar más.

¿Qué otra cosa me es revelada por la intimidad?   Palabra revelada a su espíritu, esa palabra que ha leído pero que un día siente algo que le dice que la tome para su vida, que se le hizo Rhema, algo que no puede explicar pero que sabe que es diferente. Déjame decirle que eso se llama revelación; al igual que la gracia es un misterium tremendum.

Por esto y más la revelación es clave, como lo expresa el mismo significado de revelación: “lo que aparta el velo, lo que me deja ver más allá de lo evidente, lo que hace apoderarme de lo invisible”. Este último me gusta ya que hoy en día necesitamos apoderarnos de las promesas de Dios y esto solo se logra por revelación.

Jeremías 33:6 dice: “He aquí que yo les traeré sanidad y medicina; y los curaré, y les revelaré abundancia de paz y de verdad”. Si hay algo que necesitamos en estos tiempos es Paz, sanidad y medicina. Éstas vienen por revelación a su espíritu de parte de Dios. 

Terminamos con esto: El Apóstol Pablo en sus oraciones por  sus discípulos pidió lo siguiente: “No ceso de dar gracias por vosotros, haciendo memoria de vosotros en mis oraciones, para que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de gloria, os dé espíritu de sabiduría y de *revelación* en el conocimiento de él, alumbrando los ojos de vuestro entendimiento, para que sepáis cuál es la esperanza a que él os ha llamado, y cuáles las riquezas de la gloria de su herencia en los santos” (Efesios 1:16–18).

La revelación es para los santos que tienen una intimidad genuina con Dios.

La intimidad con Dios: Lección 5

Uno de los pasajes que mencionamos anteriormente fue: “Para que todos sean uno; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros; para que el mundo crea que tú me enviaste. La gloria que me diste, yo les he dado, para que sean uno, así como nosotros somos uno. Yo en ellos, y tú en mí, para que sean perfectos en unidad, para que el mundo conozca que tú me enviaste, y que los has amado a ellos como también a mí me has amado” (Juan 17:20–23).

Este pasaje me recuerda un concepto teológico, “la Aseidad” (atributo de Dios por el cual Dios existe y se sustenta por sí mismo). Cuando leemos Juan 17:23,  podemos entonces pensar que Cristo nos invita a  formar parte de su “Aseidad”, diciendo que podemos ser uno solo  en él. Definitivamente esto es comunión, esto es intimidad. También desea que seamos perfectos en unidad con el Padre y con el Hijo.   

¿Cuándo y cómo podemos gozar de esa unidad? 

La palabra dice en Juan 14:15-17: “Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre: el Espíritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir, porque no le ve, ni le conoce; pero vosotros le conocéis, porque mora con vosotros, y estará en vosotros”.

Esta promesa cumplida es la que nos permite disfrutar de este atributo de Dios, la Aseidad, que para nosotros incluye al Espíritu Santo el Consolador (en griego, Parakletos, que significa el que es llamado para estar a nuestro lado para apoyarnos). Es de hacer notar que también el Señor dice “otro consolador”. Aquí la palabra usada como “otro” es la palabra allos que significa: “igual a mí,” otro yo”. No está diciendo otro parecido o diferente, el Espíritu Santo es Dios.

Cuando se nos revela quién es el Espíritu Santo y lo que hace por nosotros, es evidente que la parte que Dios pone en pro de nuestra relación con Él es hermosa, sorprendente, sobrenatural. El Señor nos da el Espíritu Santo para que por medio de Él disfrutemos de ser uno y perfectos en unidad.

Esto nos hace pensar cómo es la intimidad con Dios por medio del Espíritu Santo. Al respecto dice la Palabra: “Y no contristéis al Espíritu Santo de Dios, con el cual fuisteis sellado para el día de la redención” (Efesios 4:30). Entonces podemos concluir que la intimidad con Dios es tan sensible como lo es el Santo Espíritu.

Preguntas para la reflexión:

  • ¿Cómo puede usted mantenerse en santidad para no contristar al Espíritu Santo y permanecer en intimidad? ¿Cuáles pasos debe tomar?
  • ¿Qué tipo de consolación necesita Ud. del Parakletos? ¿Qué puede él dar que le hace tener más intimidad con Dios?

Como hemos aprendido la intimidad con Dios es mucho más que un tiempo de oración, es buscar el rostro del Señor, es ser uno con Él, es reflejar su rostro, es morir yo para que viva Él, y todo esto lo logro con la ayuda del Espíritu Santo de Dios el cual es Dios mismo en mí.

Gracias damos al Señor por su Espíritu Santo, pero al finalizar estos cinco puntos que hemos compartido de intimidad es bueno considerar bien esta última parte: la intimidad es tan sensible como el Santo Espíritu. De ahí la importancia de la santidad que será nuestro próximo valor a compartir. Hemos mencionado hasta ahora que la intimidad es buscar el Rostro de Dios, pero también es el carácter de Dios en mí, es reflejar su rostro, es llegar a ser como Él es. Pero hay más: intimidad es también morir yo para que viva Él, es entregar, es renunciarse, es ya no existo yo existe es Cristo en mi…Amén.